“Una nueva generación de críticos implica un hecho transformador, casi revolucionario”

Por Natalia Gauna
Omar Pacheco es fundador del Grupo Teatro Libre y del Teatro Inestable. Ha desarrollado un método y proceso de investigación teatral ininterrumpido que se opone al teatro tradicional tanto en sus formas como en sus contenidos. Con sus producciones ha participado tanto en los festivales internacionales: “Festival Spoletto” (Italia, 2000), “Festival italo-argentino” (1999), “Fitei” (Portugal), “Festival Internacional de Teatro de Pekín-China y el festival internacional de Teatro de Buenos Aires (2007), entre muchos otros. Fundó el Teatro La Otra Orilla, sede del centro de investigación y formación teatral en el que, además, monta sus propios espectáculos.
pacheco
¿Qué es un crítico de teatro? ¿Qué función tiene?
Se supone que un crítico de teatro más allá de su formación académica, si es que se puede llamar de esa manera a los lugares que lo habilitan, es un individuo que desde su subjetividad provoca la orientación del público a través de un desarrollo conceptual.
¿A quién le interesa la crítica? ¿Quiénes las leen? ¿Qué incidencia tiene en el público?
Hay un público que le interesa la mirada o evaluación del hecho estético a partir de la consideración que tiene del crítico. Se sabe que la crítica, por ser subjetiva, en general representa intereses estéticos e ideológicos que condicionan a quien lo escribe. Por lo tanto hay un conocimiento previo de confiabilidad de una capa de gente que suele ir a un espectáculo siendo inducido por el mismo.
¿Qué diferencia a un crítico de un periodista cultural?
Este es un aspecto que suele ser fronterizo en la especialización de esta actividad. En general, a un crítico no le alcanzaría la vida para especializarse en las distintas ramas del arte y comúnmente vemos que, con muy poco rigor, un grupo de “opinadores” se constituye en “críticos” y algunos sobrevuelan su capacidad intelectual para convertirse en periodistas culturales.
¿Puede un crítico ser además un artista?
No considero a nadie conectado al teatro, a la literatura o a la pintura simplemente como actores, escritores o pintores. Para mi, el arte es un hecho vinculado a la sublimación y al compromiso de un hombre puesto al servicio de algo sagrado como cada una de estas áreas de las que hablo. Lo cual lo convierte en un individuo de una sensibilidad especial. Todo hombre que produce arte debe vivir como un artista para poder transformar la realidad que lo circunda. La sociedad en la cual estamos inmersos rotula y etiqueta recortando la realidad de alguien que circunstancialmente ocupa un tiempo en su vida desarrollando una actividad que no pasó a ser nada más que una experiencia o una fuente de ingresos. Jamás un artista resignaría principios, valores intrínsecos de una sensibilidad que está puesta en cada acto de su vida. Por lo tanto, la sublime experiencia de la elección no es una circunstancia azarosa sino que se constituye en una forma de vida.
La evaluación de un hecho artístico nos ubica en el lugar de protagonistas o espectadores del mismo.Considero al crítico un espectador privilegiado, sin tener éstos los atributos de los que hablaba, de un compromiso existencial con la forma de relacionarnos en general y de producir en particular.
Uno puede saber ver pero esto no lo constituye en el que produce el hecho artístico sino en el que, distante, habla del mismo.
¿Existe una nueva generación de críticos de teatro en Argentina?
Como en todo colectivo, siempre surge gente que sueña en la libertad de comprometer su opinión y,en mi largo recorrido, pude descubrir los primeros pasos de algunos críticos que parecían comenzar a transformar la decadencia de criterios casi arcaicos de una generación que se había quedado en el tiempo. En el transcurrirr de los años vi como se fueron desarrollando algunos de estos individuos y pude ir descubriendo, no sin un alto nivel de impotencia, que al vender su fuerza de trabajo a ciertos lugares que condicionan la profundidad y la libertad de una crítica, se sometían como en general sucede en cualquier disciplina que no se tenga convicciones profundas. Pareciera inevitable la sensación de claudicar en la irreverencia y el desarrollo de sus capacidades para poder ingresar al sistema y ser habilitado. Por lo tanto, la posibilidad de una nueva generación de críticos implica un hecho transformador, casi revolucionario, que es abortado por los medios que construyen la formación de opinión. No obstante esto, hay gente que lucha por sostener estos valores en el tiempo.
¿Por qué sos crítico?
Si entiendo la pregunta como una formulación personal, mi crítica a los críticos es que su aparente especialización y en general su construcción de una literatura cargada de oropel y frases aparentemente brillantes desde el plano intelectual, los ubican en el peor lugar que puede tener un individuo para relacionarse con un objeto estético. No concibo un individuo que pueda elaborar posteriormente un análisis de una obra artística sin dejarse vulnerar, sin ser atravesado por la misma y sin ofrendarse a la experiencia anteponiendo su conocimiento al asombro y a la inocencia con la cual se puede compartir lo esencial y trascendente de algo que puede enriquecer o transformar nuestras vidas, aunque más no sea, en lo efímero de la experiencia compartida.
Por lo tanto soy crítico frente a los críticos que casi convencidos de poseer un conocimiento que siempre es relativo frente a un arte de ruptura o a una búsqueda profunda, intentan explicar mecánicamente desde un lugar estable de conocimiento formal, un suceso que no tiene esa lógica. Por lo tanto, nos encontramos con un ser que se resiste a la experiencia, porque en muchos casos, el prejuicio que se tiene sobre el artista, condiciona lo más sagrado de la ceremonia que es la inocencia con la cual uno puede compartir lo irrepetible de un suceso que corre a este crítico de su conocimiento previo y de su lugar de seguridad.